Buenos coles, buenas empresas

buenos coles

 

 

(Escribiré al femenino. El porqué lo entenderéis)

De alguna manera veo estrecha relación entre las buenas empresas y los buenos colegios, entre las buenas emprendedoras y las buenas maestras.

Los buenos colegios -en mi opinión- son espacios donde las niñas aprenden a relacionarse con otras niñas y con los adultos, donde aprenden nuevas habilidades, donde se enfrentan con tareas complicadas que les requieren esfuerzo y atención entender y llevar a cabo. Son espacios en los cuales van descubriendo mucho sobre ellas mismas, mucho de lo que les gusta y de que no. Espacios donde se les permite ensuciarse y jugar, porque lo más importante es aprender a vivir con la sonrisa y agradecer cada momento del día.

Los buenos colegios son tales siempre y cuando las maestras estén bien preparadas y sean sensibles, creativas y abiertas, siempre y cuando sean conscientes de que cada niña es única y con un potencial enorme y que se logran mejores resultados estimulando en las niñas la curiosidad y las ganas de hacer las cosas bien. Estas maestras son personas que se sienten rodeadas por niñas, no por estudiantes. Estas maestras saben ser niñas y por eso aprenden y se desarrollan internamente. Saben que están allí para indicar la vía y vuelven a recorrer aquel camino cada día, con las niñas, desde cierta distancia.

Las buenas empresas son entonces aquellas que ofrecen oportunidades. Que ofrecen espacios para confrontarse, crecer, estimular lo más posible el potencial de las personas.

Y las buenas emprendedoras son aquellas que reconocen las personas en su unicidad y esplendor, y no por su rol y función en la empresa. Son personas que ven a otras personas vivas trabajando y no a trabajadoras allí entregando un tercio de sus vidas.

Las buenas emprendedoras tienen virtudes muy desarrolladas tal como la paciencia. Saben esperar y reconocer el ritmo de aprendizaje de cada persona. Se recuerdan de ellas misma cuando eran pequeñas y de cuanto les costó entender como funciona todo. Y saben que acompañar en el camino de la vida es una misión ardua y al mismo tiempo un regalo que se abre y se descubre cada día, en el tiempo.

Admiro a las emprendedoras capaces de reconocerse desde la conciencia y desde la humildad como buenas maestras. Buenas maestras en algo que ellas mismas aprenden de la relación con las personas que trabajan con ellas.

Porque al fin y a cabo cada maestra es una niña y cada niña es una maestra.

 

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